María Jota Hernández

No soy la cantante

El color de la distancia

 
El color del silencio y la distancia
se disuelve en brumosas mañanas
de lejanos puertos
y barcos fantasma.
 
El fragor de la batalla
es un triste recuerdo
hundido en abisal profundidad.
 
La arena que fueron tu piel y tu abrazo
descansa dormida
sin huella, sin más
–olvidada de tanto esperar–
en nuestros relojes de arena
que sincopados marcaban
–sin saberlo, ayer, sin adivinar–
el tiempo que hoy
los iba a volver a enterrar.
 
©María José Hernández Hernández
 
 

2 Comentarios

  1. Jesús Pérez Polo

    20 marzo, 2018 at 1:24 pm

    Es precioso, aun me sigue evocando tristeza y ausencia
    Precioso

    • Las despedidas pueden parecer tristes. En un primer momento lo son. Sin embargo, tras una segunda lectura, nos damos cuenta de que tras ellas la vida prosigue, trayéndonos regalos aún mayores. La verdadera ausencia muchas veces es lo que dejamos atrás. Este poema aún ha de tener su segunda parte. Y mucho más feliz.
      Muchas gracias, Jesús, por dejarme tus comentarios. Siempre motivadores.

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